28 jul 2010

Reflexiones después del vuelo. Uno.

El silencio cobija todo los sonidos alrededor, silencio es todo lo que escucho. La gente dice que el silencio es silencio, para mí es un ruido insoportable que me taladra los tímpanos. Me estoy debilitando, hace mucho perdí la razón y sólo lo quiero de vuelta. El silencio me hiere por todas partes. Como no creer en el amor, si lo tuve entre mis brazos, como fingir que no existe tal abominación cuando fui víctima de su belleza y de su real indiferencia.

Es doloroso pensar que en alguna parte, no muy lejos de aquí se encuentra deambulando su corazón probablemente en busca de otro que no sea el mío. Mientras el mío espera en darle todo lo que necesita el suyo.

He intentado una cantidad importante de cosas para alejarlo de la vida y puede ser que no lo vea, pero cada segundo es una imagen recurrente de todos los momentos que compartí a su lado. No existe otra forma más bella de perder el tiempo, que pensando en él. A veces me gustaría cerrar los ojos y despertar justo el día antes de conocerlo, para no tener que hacerlo de nuevo. No es que me arrepienta de ello, pero si me hubiese gustado evitarlo. Evitarle la huida, evitarme la pena, evitarle la excusa, evitarme el dolor.

No entiendo como es tan fácil vivir sin mí, porque no es igual de fácil hacerlo sin él. Lo amo, maldita sea, ese peso me carcome lo poco de cordura que me queda. No lo puedo ver en otro lugar que no sea entre mis brazos, agonizante de placer entre mi entrepierna, con su respiración tan aligerada cuando estaba encima de él, diciéndome casi con susurros que así, encima de él lo volvía un loco, quiero sus dedos en mis adentros, sus caricias calmando las ansias locas de mi piel, sus besos manipulando mis labios a su antojo.

No quiero nada más en este mundo que a él, no necesito otra cosa que observar sus manías, la forma en que camina, sus pantalones tan bien rellenos con tan perfecto cuerpo de cielo, lo quiero tocar, lo quiero hacer mío. Quiero ser la única testigo de cómo adora pasar sus manos por entre sus cabellos sin darse cuenta. Me enamoré de cada detalle y son tantos que olvidar cada uno es imposible. El no aparece, me está matando.

Estoy a salvo de morir, pero la peor sentencia es vivir sin él.

Sin él ...
Sin él ...

Conmigo.

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