El olor del veneno baja del cielo, convertido en el verdadero pecado original y un soplo de anciano con canas plateadas como la plata de mis pendientes, de la estrella de mi moneda, un soplo me dice que puedo ganar un billete si lo hago bien, si lo hago… tonta.
Yo pregunto al soplo que como se compone el viento y me dice que son sollozos de los mártires caídos por la riendilla de las ventanillas ahuecadas de las verdades vencidas.
Pasa una flor por los orificios de mi rostro que se niegan a resonar, le digo que odio las flores, sobre todo las amarillas. Son insulsas, comunes como los sonidos de la ciudad, crecen sin mérito porque roban el color del sol y eso no merece ninguna atención para mí, son tan vanamente comunes como él: Como él hay muchas flores amarillas. Aún cuando las veo me cautivan un poco, porque algo me recuerda, que alguna vez me gustaron las amarillas, pero ya no.
El soplo comienza a alejarse, enojado, completamente engreído…así por cobarde, empiezo a olvidarlo.
No es un poquito de brisa, son pasos de ruido blanco, el color de la claridad, la nota perfecta de la mentira en el compás de la arena y empiezo a respirar… respirar… respirar al enemigo que está hecho de soplo. De un soplo compuesto por pedazos de camarones y que pude remendar con trocitos de macarrones, porque los héroes tienen disfraz y la realidad es el hombre con muchas caras.
Yo pregunto al soplo que como se compone el viento y me dice que son sollozos de los mártires caídos por la riendilla de las ventanillas ahuecadas de las verdades vencidas.
Pasa una flor por los orificios de mi rostro que se niegan a resonar, le digo que odio las flores, sobre todo las amarillas. Son insulsas, comunes como los sonidos de la ciudad, crecen sin mérito porque roban el color del sol y eso no merece ninguna atención para mí, son tan vanamente comunes como él: Como él hay muchas flores amarillas. Aún cuando las veo me cautivan un poco, porque algo me recuerda, que alguna vez me gustaron las amarillas, pero ya no.
El soplo comienza a alejarse, enojado, completamente engreído…así por cobarde, empiezo a olvidarlo.
No es un poquito de brisa, son pasos de ruido blanco, el color de la claridad, la nota perfecta de la mentira en el compás de la arena y empiezo a respirar… respirar… respirar al enemigo que está hecho de soplo. De un soplo compuesto por pedazos de camarones y que pude remendar con trocitos de macarrones, porque los héroes tienen disfraz y la realidad es el hombre con muchas caras.
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