Es un ritual inigualable cuando desliza la punta de su nariz por mi rostro, me hace sonreír. Rodea mis labios y muerde la parte que se levanta en mis cachetes. Cuando te muerde el cielo, no existe una forma más hermosa de sentirse herida. Lo siento como un roce de algodón, es tan extrañamente empalagoso que quiero enfermar. Está desatando todos los nudos que tenía apretando mi alma, tantos que casi llegaban a la altura de mi garganta.
Me hace volar lejos del caos y pertenecer a una nueva forma de desastre celestial. Es un tacto dulce, es una sensación suprema, es una conexión indescriptible porque jamás había ocurrido, ni con el enredo de circuitos con que mis cables se habían cruzado antes. Son las ganas de hacerle creer que me interesa ganar, cuando todo lo que quiero es rendirme en sus brazos.
Me hace volar lejos del caos y pertenecer a una nueva forma de desastre celestial. Es un tacto dulce, es una sensación suprema, es una conexión indescriptible porque jamás había ocurrido, ni con el enredo de circuitos con que mis cables se habían cruzado antes. Son las ganas de hacerle creer que me interesa ganar, cuando todo lo que quiero es rendirme en sus brazos.
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